Nuestra bodega es muy joven, ya que nació en 1998; sin embargo, muchas de nuestras cepas son mayoritariamente viejas. Esa confluencia entre lo antiguo y lo moderno resulta también fundamental en nuestro trabajo diario, ya que nos apoyamos a la par en la tradición bodeguera y en la moderna enología. En Páramo de Guzmán, tenemos la ventaja de que nuestros vinos, exquisitos hasta para el bebedor más exigente, cuentan con una compañía inmejorable: el prestigiado queso con el que comparte nombre, un producto que, desde hace más de veinte años, es considerado como uno de los mejores, si no el mejor, de su clase. También en nuestro queso, hecho con leche cruda de oveja churra, la palabra clave es tradición, un valor que nuestro maestro quesero antepone a cualquier otro, al margen de las modas o tendencias.
Páramo de Guzmán posee 25 hectáreas de viñedo propio, aunque cuenta con el apoyo de un puñado de pequeños viticultores que colaboran en la preparación del mejor de los vinos gracias a sus viejas y selectas cepas.
En nuestras instalaciones, disponemos de 750 barricas en su mayoría roble francés, que renovamos cada tres años. La bodega cuenta con una capacidad de elaboración de 350.000 litros por añada, si bien la producción media es de 200.000 botellas que van a parar al mercado nacional e internacional.
La nobleza de nuestras vides, el cuidado con que trabajamos su fruto y lo limitado de nuestra producción son los tres factores que explican la altísima calidad de nuestros vinos.